Volver
Información de un prospecto inmobiliario repartida entre WhatsApp, una hoja de cálculo, CRM, correo y Google Drive.
Automatización

¿Dónde quedó la información de este prospecto?

Cómo organizar prospectos inmobiliarios entre WhatsApp, Google Sheets y CRM.

Por ReliaHouse

10 min de lectura
Última actualización:

Ya registraste la información del prospecto.

Su nombre, el inmueble por el que preguntó, qué está buscando, en qué punto se encuentra y qué toca hacer después, todo lo has anotado.

Hasta ahí todo parece ordenado.

El problema aparece cuando haces una pregunta un poco distinta: ¿dónde quedó guardada toda esa información?

Imagina que un prospecto te escribe por WhatsApp preguntando por un apartamento. Mientras hablas con el, te cuenta que busca mudarse en octubre, que necesita parqueadero y que su presupuesto máximo es de $3.000.000.

Anotas una parte en una hoja de cálculo. La conversación completa queda en WhatsApp. Después agregas una nota en el CRM porque acordaron una visita.
🗒️ Tres lugares distintos para una sola persona.

Y probablemente no pasa nada ese mismo día. Todavía recuerdas perfectamente quién es y qué hablaron. Pero, el problema aparecerá en el momento que vuelves a ese prospecto y necesitas reconstruir la historia de seguimiento.

  • ¿Cuál era su presupuesto? 
  • ¿Ya había descartado alguna propiedad? 
  • ¿Quién habló con él por última vez? 
  • ¿Qué habíamos quedado en hacer después?
La información existe. Simplemente quedó repartida.

Una conversación desde WhatsApp

Un prospecto pregunta por un apartamento. Le respondes, le envías fotografías y, después de varios mensajes, empiezan a aparecer detalles que no estaban en la consulta inicial.

Quiere mudarse en octubre. Necesita parqueadero. Puede subir un poco el presupuesto. Una de las zonas que había considerado ya no le interesa.

Hasta ahí, todo normal.

Ese tipo de información suele aparecer mientras la conversación avanza. WhatsApp funciona bien para eso: preguntar, responder, enviar una propiedad, coordinar una visita o aclarar una duda. En WhatsApp Business incluso puedes apoyarte en herramientas como las etiquetas para organizar conversaciones.

La dificultad aparece cuando esos mismos mensajes se convierten también en el lugar donde quedan los detalles que necesitarás recordar después.

Pongamoslo en práctica

Pensemos en Laura.

Llevas varios días hablando con ella. Ya sabes que busca un apartamento de dos habitaciones, necesita parqueadero y descartó una de las opciones porque estaba demasiado lejos de su trabajo.

Todo eso está escrito.

Ahora pasan diez días y Laura vuelve a escribir:
📱 Hola, ¿tienes alguna otra opción para mostrarme?

Pero, ahora pasa algo, tienes en tus chats recientes a Camila, Andrés, José y otras personas preguntando por propiedades distintas, cambiando de presupuesto, descartando opciones y dejando pendientes para otros días.

💡 La información no desapareció. Sigue estando allí. Lo que empieza a costar es encontrarla cuando la necesitas.

Y abrir el chat tampoco responde rápidamente preguntas como:

  • ¿Qué está buscando ahora?
  • ¿Qué propiedades ya le enviamos?
  • ¿Cuál descartó?
  • ¿Ya visitó alguna?
  • ¿Qué quedó pendiente?
  • ¿Cuándo deberíamos volver a escribirle?

WhatsApp puede seguir siendo el lugar donde hablas con tus prospectos.

¿Pero cuál es el mayor problema? No siempre vas a recordar completamente con quien estás hablando.

Whatsapp no puede reconstruir el pasado con el prospecto.

Una forma sencilla de empezar

Pero entonces... ¿Cómo podemos solucionar esto?

Una de las formas más simples es sacar del chat la información que realmente necesitas recordar después.
 No toda la conversación. Solo lo importante.

Por ejemplo:

  • Nombre del prospecto.
  • Teléfono.
  • Inmueble por el que preguntó.
  • Qué está buscando.
  • Estado actual.
  • Último contacto.
  • Próximo paso.
Y para eso una hoja de cálculo puede ser suficiente.

Laura de nuevo, vamos

Preparate, volvemos con Laura.

¿Recuerdas lo que te pidió? Seguramente vas o subirás a la sección anterior para recordarlo. Descuida, lo guarde en mi hoja de calculo:
Laura se encuentra en búsqueda de un apartamento de dos habitaciones con parqueadero. Anteriormente, descartó opciones por que desea algo cerca de su trabajo.
Mientrás intentaste retroceder para recordarlo, te ayude a hacerlo rápidamente con una hoja de calculo.

En lugar de buscar entre mensajes para recordar su caso, abres la hoja y ves que busca un apartamento de dos habitaciones, necesita parqueadero, tiene un presupuesto de hasta $3.000.000 y quedó pendiente enviarle nuevas opciones.

La conversación sigue estando en WhatsApp, pero ya no dependes de volver a leerla para entender qué estaba pasando.
💡 No hace falta empezar con un sistema complejo.

A veces una hoja bien organizada resuelve algo bastante importante: entrar, mirar un registro y entender rápidamente qué sabes de esa persona y qué toca hacer después.

Ahora tienes otro lugar que recordar

La hoja resolvió una parte del problema: ya tienes un lugar donde consultar rápidamente qué está pasando con cada prospecto.
Pero también apareció una nueva tarea: mantener ese lugar actualizado.

Volvamos al mismo ejemplo.

Laura te escribe por WhatsApp y te dice que ya no busca para octubre, sino para noviembre. Además, puede aumentar un poco su presupuesto y quiere visitar uno de los apartamentos que le enviaste.

Tú ya sabes todo eso porque acabas de hablar con ella. Pero, la hoja, no.

Para que refleje lo que ocurrió, tienes que abrirla, buscar a Laura y cambiar la información correspondiente.

Una vez no parece demasiado.

Volvemos al mismo problema de antes, ¿recuerdas? ¿no? tienes otros chats con Andrés, Camila, José y otros prospectos, también debes actualizar para ellos tus hojas.

Ahora tienes dos trabajos: hablar con el prospecto y después registrar lo que pasó.

Son solo dos, multiplicado por cada prospecto, ¿cuánto sería? ¿dificil cierto?

Quizás actualizaste el estado, pero olvidaste cambiar el presupuesto. Anotaste que hubo una visita, pero no qué opinó el prospecto. O simplemente llegó otro mensaje y decidiste actualizar la hoja más tarde.

La señal de alerta aparece cuando mantenerla actualizada empieza a quitarte casi tanto tiempo como el que te ayudaba a ahorrar.

Cuando una hoja empieza a pedirte demasiado

Llegados a este punto podrías pensar: Entonces necesito algo que me ayude a llevar todo esto sin estar actualizando columnas todo el día.
Y ahí es donde suele aparecer el CRM.

El nombre puede sonar más complicado de lo que realmente necesitas entender. Para un asesor, la idea es bastante sencilla: abrir el registro de Laura y poder ver su información, lo que ha ocurrido con ella y qué deberías hacer después.

En lugar de tener únicamente una fila, puedes empezar a construir una pequeña historia alrededor de cada prospecto.

Por ejemplo:

  • Laura preguntó por el apartamento 304.
  • Después se interesó por otras dos propiedades.
  • Se realizó una llamada.
  • Tiene una visita pendiente.
  • Hay una tarea para contactarla nuevamente el viernes.
  • Otro asesor del equipo puede revisar lo que ya ocurrió antes de hablar con ella.
Ese es uno de los cambios importantes frente a una hoja: ya no solo guardas datos sobre el prospecto, también puedes ir dejando registro de lo que pasa con él.

Además, puedes organizar a las personas según el punto en el que se encuentran. Un prospecto puede estar recién llegado, otro esperando una visita y otro pendiente de recibir nuevas opciones.

Así resulta mucho más fácil responder una pregunta que empieza a importar cuando tienes varias conversaciones abiertas:
¿A quién tengo que prestarle atención hoy?

Hasta aquí parece que solucionamos el problema.

WhatsApp se queda para conversar. El CRM guarda la información, las actividades y los pendientes.

Pero hay una condición que no ha desaparecido.

Si Laura te dice algo nuevo por WhatsApp y esa información nunca llega al CRM, ahora tienes dos lugares contando versiones distintas de la misma historia.

Vamos a conversar de uno de los grandes problemas inmobiliarios hoy día.

Cada herramienta conoce una parte de Laura

Volvamos una vez más a Laura.
La conversación empezó en WhatsApp. Allí te dijo qué estaba buscando, cambió su presupuesto y coordinó una visita.

En el CRM tienes su nombre, el apartamento por el que preguntó y una tarea para volver a contactarla.

Las fotografías y documentos de la propiedad están en Google Drive.

Y quizás alguna información adicional llegó por correo.

Nada de esto parece extraño. De hecho, cada herramienta está haciendo justamente aquello para lo que la utilizas.

El problema aparece cuando necesitas saber qué está pasando realmente con Laura.

Abres el CRM y ves un presupuesto de $3.000.000.

Pero recuerdas que hace unos días te dijo por WhatsApp que podía subir hasta $3.300.000.

El CRM dice que sigue buscando para octubre.

En la conversación más reciente te dijo que ahora piensa mudarse en noviembre.

Y la visita que coordinaste ayer todavía aparece como una tarea pendiente porque nadie alcanzó a actualizarla.

Entonces ocurre algo curioso: tienes más herramientas y más información que antes, pero todavía necesitas hacer una parte del trabajo tú mismo.

⚠️ El problema aparece en lo que ocurre entre una herramienta y la siguiente.

Y esto puede pasar incluso utilizando un buen CRM.

Porque el CRM solamente conoce aquello que llegó hasta él.

Si una conversación cambia en WhatsApp, un documento nuevo llega por correo o alguien modifica información en otra herramienta y ese cambio no termina reflejado donde haces seguimiento, empiezan a aparecer pequeñas diferencias.

Hagamos una prueba sencilla

Después de todo lo anterior, podríamos complicarnos hablando de integraciones, automatizaciones o de cuál herramienta es mejor.

Pero hay una forma mucho más sencilla de saber si realmente tienes organizada la información de tus prospectos.

Piensa en alguien con quien hayas hablado esta semana y trata de responder estas preguntas:
  1. ¿Quién es?
  2. ¿Por cuál inmueble llegó?
  3. ¿Qué está buscando actualmente?
  4. ¿Qué propiedades ya le mostraste o enviaste?
  5. ¿Qué ha pasado desde que comenzó la conversación?
  6. ¿En qué punto se encuentra ahora?
  7. ¿Qué toca hacer después?
Ahora viene la parte importante.
¿Cuántos lugares tuviste que abrir para responderlas?

Quizás el presupuesto está en WhatsApp, la propiedad de interés aparece en el CRM, la visita quedó anotada en el calendario y el próximo seguimiento lo recuerdas porque lo hablaste ayer.

Tienes todas las respuestas.

Pero sigues teniendo que ir a buscarlas.

Lo ideal sería que, independientemente de si trabajas con una hoja de cálculo, un CRM o alguna otra herramienta, puedas abrir el registro de ese prospecto y entender rápidamente su historia.

No necesitas leer cada mensaje que intercambiaron desde el primer día. Necesitas recuperar el contexto suficiente para continuar desde donde quedaron.

Querrás saber quién es, qué cambió desde la última conversación y qué toca hacer ahora.

💡 Una buena organización no consiste solamente en guardar información. Consiste en poder encontrar el contexto cuando llega el momento de usarlo.

Volvamos a la pregunta inicial

Empezamos este artículo con un problema bastante cotidiano: hablaste con un prospecto, aprendiste varias cosas sobre él y, unos días después, necesitas recordar dónde quedó toda esa información.

Primero estaba WhatsApp.

Después apareció una hoja de cálculo para sacar de la conversación aquello que no querías olvidar.

Más adelante, quizás llegó un CRM para organizar mejor los prospectos, las actividades y los pendientes.

Cada paso puede ayudarte.
Pero ninguna herramienta sirve de mucho si al final todavía tienes que abrir cuatro lugares para entender qué pasó.

Por eso quizá la pregunta no debería ser:

¿Necesito WhatsApp, Google Sheets o un CRM?

La pregunta más útil es otra:

¿Cuando un prospecto vuelva a escribir dentro de dos semanas, podré continuar desde donde quedamos?

Si trabajas con una hoja de cálculo y puedes hacerlo, la hoja está cumpliendo su función.

Si utilizas un CRM y tu equipo puede abrir un prospecto, entender lo que ocurrió y saber qué sigue, el CRM está haciendo su trabajo.

El problema aparece cuando la respuesta depende de revisar una conversación, buscar una nota, preguntarle a otro asesor y comprobar después qué quedó registrado.

💡 Organizar mejor el trabajo no significa guardar más información. Significa poder continuar desde donde quedó, sin tener que reconstruir el camino cada vez.

Prueba 30 días gratis

Digitaliza tu operación inmobiliaria desde el primer día.

Comienza gratis

Prueba ReliaHouse gratis por 30 días

Digitaliza tu operación inmobiliaria y trabaja con más control desde el primer día.